15 años de exilio silencioso vive la familia de Escobar
“La verdad fue sepultada con la muerte de mi padre”: Sebastián Marroquín
En una carta dirigida a los hijos de dos víctimas de su padre, Marroquín mostró sus intenciones por ayudar construir la paz, comentó acerca de la violencia ejercida sobre su familia en nombre de la justicia y pidió perdón por los actos de su padre.
El sábado 17 de octubre se dio a conocer una carta que el hijo del famoso narcotraficante Pablo Escobar envió a los hermanos Galán y a Rodrigo Lara a través la que expresó su “buena y sensata intención” y su disposición para ayudar a construir la paz, pese a que la verdad de los asesinatos cometidos por su padre “fue sepultada” con él.
Pablo Escobar nació en Medellín en 1949 y tras un comienzo humilde en un alquiler de bicicletas, empezó a involucrarse con el hurto de carros y, más adelante, con el tráfico de drogas hacia Norteamérica, operando como intermediario. Hacia 1970 se alía con Carlos Lehder, Gonzalo Rodriguez y los hermanos Ochoa, con quienes conformó el Cartel de Medellin y dedicado a buscar rutas para el tráfico de cocaína. La fortuna que Escobar acumuló gracias a sus negocios ilícitos superó los 3000 millones de dólares.
Tras haber sido expulsado del Nuevo Liberalismo, partido liderado por Luis Carlos Galán, el narcotraficante se hizo miembro del movimiento Alternativa Liberal en la Cámara de Representantes donde logró acumular influencias en diversos estamentos. Escobar ordenó los asesinatos de Luis Carlos Galán, probable candidato a la presidencia del Partido Liberal en 1989, y de Rodrigo Lara Bonilla, entonces Ministro de Justicia quien lo denunció y expulsó de Alternativa Liberal.
Tras su asesinato en 1993 en manos de “El Bloque de Búsqueda”, conformado por miembros del Ejército y la Policía colombiana y cuerpos antidroga provenientes de Estados Unidos, su esposa Victoria Henao y sus dos hijos Manuela y Juan Pablo, salieron del país con rumbo a España, pero fueron rechazados por las autoridades de ese país. Finalmente se quedaron en Argentina y cambiaron sus nombres para alejarse de los prejuicios.
En la carta, que apenas salió a la luz pública, Sebastián apunó: “deberán creer en mi buena fe, sabiendo que sólo me impulsa una buena y sensata intención”. También formuló una serie de interrogantes que tienen que ver con la manera apropiada de dirigirse “a alguien que lleva adentro un dolor tan legítimo” para “pedir perdón sin ofender”. Resaltó que “la paz que busco cada día dentro de mí para poder dormir” es su “verdadero consuelo cada día”. Mencionó que no desea para sus futuros hijos “un país más ensangrentado aún”.
Por otro lado afirmó “no soy el dueño de la verdad” haciendo referencia a los crímenes cometidos por su padre y dijo “no estoy acá sino para buscar la paz, para ayudar a construirla”. Se mostró dispuesto a arriesgarse por ello. Juan Pablo Escobar, nombre de pila de Marroquín, considera “con mi historia estoy creando un mañana de posibilidades”. Aseguró haber perdonado a quienes ejercieron violencia en contra de él y su familia “en nombre de la justicia”.
También destacó que aunque la opinión general esperaba que él fuera “el vengador” de la muerte de su padre, no quiere “repetir la historia”. Resaltó la importancia de “tener la capacidad de conversar, de dialogar, pues sólo así podremos diseñar escenarios de futuro para impulsar un cambio real”. Se cuestionó “si la muerte de él (Pablo Escobar) fue la solución prometida a todos los problemas de narcotráfico y violencia que sufre aún hoy nuestro país”. Frente a esto concluyó “nuestro país sigue siendo el más grande laboratorio de guerra del continente americano”.
Haciendo referencia al silencio en el que ambas familias han estado en los últimos años, dijo: “nuestro absoluto silencio por casi 15 años de exilio no es más que un reflejo innato de prudencia y de respeto por el país", pero ese silencio “es consecuencia del miedo que tenemos todos los colombianos de opinar, porque sabemos bien que nuestra sociedad está permanentemente amenazada, como consecuencia de su propia inmadurez, de su permisividad, corrupción y violencia” y “lo único que ha hecho es encubar un nuevo mito acerca de una supuesta persona que no soy”.
“La verdad fue sepultada con la muerte de mi padre”: Sebastián Marroquín
En una carta dirigida a los hijos de dos víctimas de su padre, Marroquín mostró sus intenciones por ayudar construir la paz, comentó acerca de la violencia ejercida sobre su familia en nombre de la justicia y pidió perdón por los actos de su padre.
El sábado 17 de octubre se dio a conocer una carta que el hijo del famoso narcotraficante Pablo Escobar envió a los hermanos Galán y a Rodrigo Lara a través la que expresó su “buena y sensata intención” y su disposición para ayudar a construir la paz, pese a que la verdad de los asesinatos cometidos por su padre “fue sepultada” con él.
Pablo Escobar nació en Medellín en 1949 y tras un comienzo humilde en un alquiler de bicicletas, empezó a involucrarse con el hurto de carros y, más adelante, con el tráfico de drogas hacia Norteamérica, operando como intermediario. Hacia 1970 se alía con Carlos Lehder, Gonzalo Rodriguez y los hermanos Ochoa, con quienes conformó el Cartel de Medellin y dedicado a buscar rutas para el tráfico de cocaína. La fortuna que Escobar acumuló gracias a sus negocios ilícitos superó los 3000 millones de dólares.
Tras haber sido expulsado del Nuevo Liberalismo, partido liderado por Luis Carlos Galán, el narcotraficante se hizo miembro del movimiento Alternativa Liberal en la Cámara de Representantes donde logró acumular influencias en diversos estamentos. Escobar ordenó los asesinatos de Luis Carlos Galán, probable candidato a la presidencia del Partido Liberal en 1989, y de Rodrigo Lara Bonilla, entonces Ministro de Justicia quien lo denunció y expulsó de Alternativa Liberal.
Tras su asesinato en 1993 en manos de “El Bloque de Búsqueda”, conformado por miembros del Ejército y la Policía colombiana y cuerpos antidroga provenientes de Estados Unidos, su esposa Victoria Henao y sus dos hijos Manuela y Juan Pablo, salieron del país con rumbo a España, pero fueron rechazados por las autoridades de ese país. Finalmente se quedaron en Argentina y cambiaron sus nombres para alejarse de los prejuicios.
En la carta, que apenas salió a la luz pública, Sebastián apunó: “deberán creer en mi buena fe, sabiendo que sólo me impulsa una buena y sensata intención”. También formuló una serie de interrogantes que tienen que ver con la manera apropiada de dirigirse “a alguien que lleva adentro un dolor tan legítimo” para “pedir perdón sin ofender”. Resaltó que “la paz que busco cada día dentro de mí para poder dormir” es su “verdadero consuelo cada día”. Mencionó que no desea para sus futuros hijos “un país más ensangrentado aún”.
Por otro lado afirmó “no soy el dueño de la verdad” haciendo referencia a los crímenes cometidos por su padre y dijo “no estoy acá sino para buscar la paz, para ayudar a construirla”. Se mostró dispuesto a arriesgarse por ello. Juan Pablo Escobar, nombre de pila de Marroquín, considera “con mi historia estoy creando un mañana de posibilidades”. Aseguró haber perdonado a quienes ejercieron violencia en contra de él y su familia “en nombre de la justicia”.
También destacó que aunque la opinión general esperaba que él fuera “el vengador” de la muerte de su padre, no quiere “repetir la historia”. Resaltó la importancia de “tener la capacidad de conversar, de dialogar, pues sólo así podremos diseñar escenarios de futuro para impulsar un cambio real”. Se cuestionó “si la muerte de él (Pablo Escobar) fue la solución prometida a todos los problemas de narcotráfico y violencia que sufre aún hoy nuestro país”. Frente a esto concluyó “nuestro país sigue siendo el más grande laboratorio de guerra del continente americano”.
Haciendo referencia al silencio en el que ambas familias han estado en los últimos años, dijo: “nuestro absoluto silencio por casi 15 años de exilio no es más que un reflejo innato de prudencia y de respeto por el país", pero ese silencio “es consecuencia del miedo que tenemos todos los colombianos de opinar, porque sabemos bien que nuestra sociedad está permanentemente amenazada, como consecuencia de su propia inmadurez, de su permisividad, corrupción y violencia” y “lo único que ha hecho es encubar un nuevo mito acerca de una supuesta persona que no soy”.



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