24 de octubre de 2009

“La verdad fue sepultada con la muerte de mi padre”: Sebastián Marroquín

15 años de exilio silencioso vive la familia de Escobar
“La verdad fue sepultada con la muerte de mi padre”: Sebastián Marroquín
En una carta dirigida a los hijos de dos víctimas de su padre, Marroquín mostró sus intenciones por ayudar construir la paz, comentó acerca de la violencia ejercida sobre su familia en nombre de la justicia y pidió perdón por los actos de su padre.

El sábado 17 de octubre se dio a conocer una carta que el hijo del famoso narcotraficante Pablo Escobar envió a los hermanos Galán y a Rodrigo Lara a través la que expresó su “buena y sensata intención” y su disposición para ayudar a construir la paz, pese a que la verdad de los asesinatos cometidos por su padre “fue sepultada” con él.

Pablo Escobar nació en Medellín en 1949 y tras un comienzo humilde en un alquiler de bicicletas, empezó a involucrarse con el hurto de carros y, más adelante, con el tráfico de drogas hacia Norteamérica, operando como intermediario. Hacia 1970 se alía con Carlos Lehder, Gonzalo Rodriguez y los hermanos Ochoa, con quienes conformó el Cartel de Medellin y dedicado a buscar rutas para el tráfico de cocaína. La fortuna que Escobar acumuló gracias a sus negocios ilícitos superó los 3000 millones de dólares.

Tras haber sido expulsado del Nuevo Liberalismo, partido liderado por Luis Carlos Galán, el narcotraficante se hizo miembro del movimiento Alternativa Liberal en la Cámara de Representantes donde logró acumular influencias en diversos estamentos. Escobar ordenó los asesinatos de Luis Carlos Galán, probable candidato a la presidencia del Partido Liberal en 1989, y de Rodrigo Lara Bonilla, entonces Ministro de Justicia quien lo denunció y expulsó de Alternativa Liberal.

Tras su asesinato en 1993 en manos de “El Bloque de Búsqueda”, conformado por miembros del Ejército y la Policía colombiana y cuerpos antidroga provenientes de Estados Unidos, su esposa Victoria Henao y sus dos hijos Manuela y Juan Pablo, salieron del país con rumbo a España, pero fueron rechazados por las autoridades de ese país. Finalmente se quedaron en Argentina y cambiaron sus nombres para alejarse de los prejuicios.

En la carta, que apenas salió a la luz pública, Sebastián apunó: “deberán creer en mi buena fe, sabiendo que sólo me impulsa una buena y sensata intención”. También formuló una serie de interrogantes que tienen que ver con la manera apropiada de dirigirse “a alguien que lleva adentro un dolor tan legítimo” para “pedir perdón sin ofender”. Resaltó que “la paz que busco cada día dentro de mí para poder dormir” es su “verdadero consuelo cada día”. Mencionó que no desea para sus futuros hijos “un país más ensangrentado aún”.

Por otro lado afirmó “no soy el dueño de la verdad” haciendo referencia a los crímenes cometidos por su padre y dijo “no estoy acá sino para buscar la paz, para ayudar a construirla”. Se mostró dispuesto a arriesgarse por ello. Juan Pablo Escobar, nombre de pila de Marroquín, considera “con mi historia estoy creando un mañana de posibilidades”. Aseguró haber perdonado a quienes ejercieron violencia en contra de él y su familia “en nombre de la justicia”.

También destacó que aunque la opinión general esperaba que él fuera “el vengador” de la muerte de su padre, no quiere “repetir la historia”. Resaltó la importancia de “tener la capacidad de conversar, de dialogar, pues sólo así podremos diseñar escenarios de futuro para impulsar un cambio real”. Se cuestionó “si la muerte de él (Pablo Escobar) fue la solución prometida a todos los problemas de narcotráfico y violencia que sufre aún hoy nuestro país”. Frente a esto concluyó “nuestro país sigue siendo el más grande laboratorio de guerra del continente americano”.

Haciendo referencia al silencio en el que ambas familias han estado en los últimos años, dijo: “nuestro absoluto silencio por casi 15 años de exilio no es más que un reflejo innato de prudencia y de respeto por el país", pero ese silencio “es consecuencia del miedo que tenemos todos los colombianos de opinar, porque sabemos bien que nuestra sociedad está permanentemente amenazada, como consecuencia de su propia inmadurez, de su permisividad, corrupción y violencia” y “lo único que ha hecho es encubar un nuevo mito acerca de una supuesta persona que no soy”.

3 de septiembre de 2009

Relación Estado - Sociedad Civil

A propósito del Texto: “Recordando a los muertos: Sociedad civil y Estado desde Hobbes hasta Marx y más Allá. En “Democracia y sociedad civil”. De John Keane. Alianza Editorial, 1992.

Introducción:

Las concepciones modernas acerca de la labor del Estado son el fruto de todo un proceso de desarrollo teórico entorno a las consecuencias de su relación con la sociedad civil. Por un lado, aparecen siempre los defensores de dicha alianza y, por el otro, quienes la consideran inconveniente. Algunos creen que los Estados tienden a perpetuarse y, otros, que son instituciones transitorias y que tarde o temprano desaparecerán.

El punto esencial de la discusión es la búsqueda de una acción estatal genuina capaz de generar igualdad, legitimidad moral, eficacia y cohesión en la sociedad civil de la que forma parte (en general que sea un sinónimo real de democracia) o, por el contrario, eliminarla o suplir radicalmente su labor gracias al alcance de unidad y armonía, por parte de los miembros de la sociedad civil.

Los modelos sociales y políticos propuestos a partir de las concepciones anteriormente mencionadas tienen en cuenta: las consecuencias que la relación sociedad civil – Estado trae para las economías de las sociedades, el problema de los intereses privados y públicos y enfrentamiento de la soberanía estatal frente a las autonomías individuales.

A partir de los textos que fueron escritos por los autores “muertos” a los que Keane se refiere en su obra, es posible vislumbrar la innovación que cada uno implicó en su momento y la ruptura que hace frente a la visión del Estado previa, así como los aspectos que es necesario discutirles.

Todo el texto gira entorno a la cuestión de: ¿en manos de quién queda el poder? y ¿qué requerimientos implica un autogobierno o un régimen estatal?

Frase plan

Históricamente, se han enfrentado dos concepciones entorno al problema de la división sociedad civil – Estado, la socialista y la liberal (Ia). Dentro de la mirada liberal aparecen modelos que muestran la relación de dependencia entre ambos (Ib). (I) Sin embargo, existen otras visiones que exponen a una sociedad civil auto regulada (IIa) y, en respuesta, tendencias socialistas que manifiestan la necesidad de una homeóstasis, una armonía colectiva, y de una democratización de las instituciones (IIb). (II)



IA. Dos concepciones entorno al problema de la división sociedad civil – Estado

1. Discurso socialista frente a la relación.
2. Discurso liberal frente a la relación.

IB. Modelos que muestran la relación de dependencia entre ambos

1. Estado como negación radical del estado de naturaleza a través de leyes.
2. Estado como instrumento de la sociedad que completa su igualdad y libertad.

IIA. Visiones que exponen a una sociedad civil auto regulada

1. Estado, un mal necesario, delegado del poder social, orientado al beneficio común.
2. El Estado conserva y trasciende a la sociedad civil que no tiene una condición natural de libertad.
3. Sociedad civil sujeta a la labor del Estado.

IIB. Homeóstasis y democratización de las instituciones

1. Socialismo estatal y socialismo autogestionado.
2. Marx, dicotomía simplificadora.

Conclusión:

El análisis e interpretación de las diversas posiciones a favor y en contra de la dicotomía Estado – sociedad civil resulta útil a la hora de definir la importancia de una organización civil democrática. Significa reconsiderar la labor de ambas partes, como agentes dominantes y dominados respectivamente y la idea de armonizar su relación para favorecer los intereses de toda la colectividad.

Keane presenta a una sociedad civil caracterizada por una tendencia no violenta y autorreflexiva, que la diferencian del Estado, es decir, que no es solamente lo que acompaña a las instituciones estatales, sino que posee una naturaleza diferente en esencia. Pese a ello, el Estado no pierde su papel destacado en el sistema democrático, puesto que su objetivo se centra en establecer un marco adecuado a la sociedad civil y orientar una serie de campos necesarios para la expansión de la sociedad civil.

La obra de John Keane se caracteriza por la defensa constante de una separación efectiva entre la sociedad civil y el Estado, como la mejor, y única, forma de garantizar la democracia, al interpretar que un nuevo equilibrio entre ambas esferas es la única forma de garantizar la expansión de la libertad e igualdad entendidas de forma compleja y lograr la democratización de las instituciones estatales.

¿El medio es el mensaje?

DEBRAY, Régis «El medio es el mensaje». El estárter del método En: “Introducción a la mediología” Editorial Paidós, Barcelona, 2001. Págs. 53 – 98.

Son muchos los intentos que se han hecho por resolver la, al parecer eterna, dicotomía entre medio y mensaje. Una propuesta interesante al respecto, inmortalizada por Marshall McLuhan, tiene que ver con la relación directa entre ambos aspectos. Su propuesta, “el medio es el mensaje”, intenta demostrar que están comprendidos uno dentro del otro, a tal punto que, el contenido se convierte en el mensaje del medio continente. McLuhan traza una nueva definición para medio (prolongación del propio ser debido a cada nueva técnica) y plantea que el mensaje de un medio sería todo cambio que dicho medio provoca en las sociedades o culturas; es decir, el medio no es el papel, sino las transformaciones que su uso implica. En respuesta a esta afirmación, se han generado nuevos postulados que traen a colación nuevos elementos, tal vez ignorados por el canadiense.

Este es precisamente el punto de partida de Régis Debray en el segundo capítulo de “Introducción a la mediología”. Debray es un filósofo y escritor francés dedicado a elaborar una teoría general sobre la transmisión cultural y los medios de comunicación. Este autor presenta a la mediología como la interesada en lo que el hombre transmite. Puntualmente, Debray critica la propuesta de McLuhan, calificándola como un cliché “en los límites de lo irracional”. Por ende, se propone presentar, además de una exposición de las falencias de “el medio es el mensaje”, una nueva mirada, orientada igualmente a la relación símbolo – soporte, pero en términos de la lógica del mensaje y la lógica del medio, con el objetivo de demostrar la complejidad de la labor del mediólogo.

La demostración de su postulado, en este capítulo, inicia con una crítica al “simplismo” de McLuhan, pues considera que aunque no hay mensaje sin medio, aseverar que son una misma cosa resulta errado. Afirma que utiliza la palabra medio como se le antoja. A partir de ese punto, desarrolla su propia elaboración. Sostiene que el medio no existe por sí y en sí, sino que designa varias realidades de una misma naturaleza y que, por lo tanto existen varias clases de medios. El primero es la escritura, seguido por los códigos específicos de un grupo social (lenguaje natural) y el papel como soporte esencial. Posteriormente, aparecen las mediaciones económicas y sociales tras la edición del libro. En este punto, retoma la dependencia entre soporte y símbolo, al plantear que la historia de los signos empieza con la de los materiales.

Más adelante, se refiere a los medios de transmisión o mediasferas, que condicionan las creencias y la personalidad colectiva de una época determinada (no son transversales, es decir no se aplican a todas las sociedades, ya que existen diferentes grados de evolución técnica). Una mediasfera alberga multitud de micromedios culturales y reestructura a la precedente; el paso de una a otra de se a partir de revoluciones, no sólo técnicas, sino administrativas. Estas son: mnemosfera (etapa previa al surgimiento de la escritura), logosfera (surge tras la invención de la escritura, pero aún hay bastante predominio de la palabra, gracias al analfabetismo. Se caracteriza por el hegemonía de la retórica y la oratoria), grafosfera (inicia con la creación de la imprenta, se impulsan las instituciones fundadas en ella y se acelera el ritmo de la historia) y videofera (cuya base son las imágenes y sonidos; crea culturas del flujo y la ubicuidad).

Debray muestra el descrédito que tiene la técnica frente a la cultura actualmente, pero afirma que, precisamente, en la mediosfera ocurre un cruce entre ambos factores (coevolución). La diferencia radica, más que nada, en la fragmentación que genera lo cultural (etnocentrismo) y la homogenización que busca lo tecnológico (ecumenismo). Finalmente, se refiere al arte como el espacio donde la división medio/mensaje es incierta, puesto que la obra de arte existe cuando se olvida el instrumento mismo, y, además de responder a la idea de la simultaneidad, no se avergüenza de sus mediaciones, antes bien, las exhibe por medio de grandes instalaciones.

Como punto de vista personal, considero que la crítica que realiza Debray a McLuhan es poco profunda, pues se dedica a juzgar el concepto arrojado como conclusión, sin tener en cuenta el propio proceso de construcción del mismo. Además, pudo haber fundamentado su crítica a través del ofrecimiento de un postulado menos “irracional” según su propio criterio. En cierto modo lo acusa de ser simplista y de buscar una frase pegajosa, para destacarse: “En este caso, la forma abreviada de jingle, con sus aliteraciones y su escansión ---según el viejo procedimiento mnemónico del verso bien machacado-, se abrió paso a través del bullicio. Reposición fácil”. (Debray, P: 55).

Con respecto a su clasificación de medio, en mi opinión, se limita sólo a la escritura, ignorando otras mediaciones también importantes. Acerca de las mediosferas, es coherente con su posterior afirmación de la existencia de una tecnocultura, al mostrar, no solamente los aspectos netamente técnicos, sino sus consecuencias a nivel social. Además, su concepción de mediosfera es similar a los paradigmas que rigen las ciencias sociales por dos razones: primera, una mediosfera no reemplaza a la otra, sino que la complementa y se aplican en diferentes contextos y, segunda, el paso de una a la otra se hace por medio de una revolución. Quedarían como preguntas: ¿por qué a pesar de que lo técnico tiende a ocupar un espacio cada vez más amplio, no se ha reconocido su papel fundamental respecto a la evolución humana (coevolución hombre – instrumento)? ¿La unificación técnica podría conducir a la unificación cultural? o ¿Le atribuye demasiado valor al instrumento en sí?

30 de agosto de 2009

Incapacidad

Factores como la superstición y la ignorancia, entre muchos otros modos de discriminación, han frenado enormemente el desarrollo de las personas en condición de discapacidad y eliminado casi por completo toda posibilidad de superación. Es común, por ende, ignorar que individuos como ellos poseen los mismos derechos y obligaciones que el resto de nosotros y negarles muchos de sus derechos inherentes, entre ellos la participación social. Aún más, aunque los gobiernos reconocen que son población vulnerable, en pocas ocasiones se les otorga protección especial (seguridad social, derechos políticos, etc.), se promulgan leyes antidiscriminatorias o se sensibiliza a la población acerca de la importancia del respeto por los Derechos Humanos.

Pese a lo anterior, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad que desde 2006 ha promovido su participación en la vida social en condiciones de equidad, cree que sí es posible alcanzar un nivel de igualdad. Para ello, de la mano con el programa de Acción Mundial para las Personas con Discapacidad, ideó 22 Normas Uniformes que, aunque no son de cumplimiento obligatorio, aspiran a ser adoptadas por un gran número de Estados, como política de defensa de los derechos humanos. Este documento señala principios de responsabilidad, acción y cooperación, busca garantizar el trabajo de los Estados en pro de los minusválidos y surge en respuesta a la carencia de un sistema que vele por ellos, tomando en cuenta el aumento constante de personas en condición similar en todo el mundo.

Según la Convención, las causas y consecuencias de la discapacidad varían de acuerdo a condiciones sociales y económicas específicas. Se hace necesario, en ese sentido, realizar las debidas adecuaciones estructurales, en el marco de una responsabilidad moral y política por eliminar los obstáculos. Dichas adaptaciones tienen que ver con el entorno físico y el acceso a la información. Otro compromiso que deben cumplir los gobiernos es el de propiciar campañas que, por un lado, inviten a los discapacitados y a sus familias a hacerse partícipes de los programas y servicios creados para su bienestar y, por el otro, alienten a los medios de comunicación a presentar de manera positiva y en condiciones de igualdad a personas en dicha situación.
Las oportunidades a nivel educativo son otro aspecto que generalmente es pasado por alto, pese a su carácter fundamental. Los hombres, mujeres y niños en condición de discapacidad tienen derecho a integrarse a los sistemas pedagógicos y requieren, de acuerdo a sus necesidades, aulas o secciones especiales. En lo que ver con el mercado laboral, la Convención orienta hacia la igualdad de oportunidades de empleo: cargos estables, remunerados y productivos. Para ello, pide a las empresas empleadoras ofrecer programas de capacitación y adaptación y procurarles prestaciones y seguridad social, a cambio de préstamos y exenciones tributarias.

Respecto a su vida cotidiana, según la Convención, los Estados deben velar porque su derecho a una vida familiar sea respetado y aprobado. Igualmente, es necesario garantizar su participación en las diversas actividades recreativas, culturales y deportivas realizadas por la administración u otro tipo de organizaciones, promover programas de rehabilitación local y establecer servicios de apoyo, empleando, para ello, todos los recursos técnicos que tenga a la mano y verificar que los programas médicos cubran eficazmente sus necesidades e incluyan programas de detección previa y tratamiento acorde.

El gobierno, además, debe comprometerse a realizar estudios estadísticos con el fin de evaluar las políticas que ha implementado y para estar al tanto del aumento en el número de casos. De igual modo, cuenta con las Naciones Unidas y la cooperación internacional, a través de la cual los Estados fomentan el intercambio de conocimientos para promover una labor intergubernamental favorable. En ese marco, de acuerdo con las normas de la Convención, cada país debe crear o modificar su legislación, de tal manera que incluya a los discapacitados en las leyes preexistentes o se creen nuevas y debe autorizar la creación de organizaciones que representen la voz de los discapacitados, a nivel nacional o local.

Según el Comité Consultivo para Personas con Discapacidad, la inhabilidad “tiene una dimensión superior a la de un problema de salud individual y por tanto afecta al individuo en relación con su familia y en su integración social”, pero, pese a ello, su situación propiamente dicha no es una desventaja, sino la falta de oportunidades a su alrededor. En nuestro país, particularmente, existen dos polos opuestos: por un lado, los discapacitados están amparados bajo la ley 1145 de 2007, que promueve la creación de Comités Departamentales y Distritales de Discapacidad, encargados de la política pública a favor de sus derechos, y por otro, persiste la falta de previsión y consideración de personas con limitaciones.

La insuficiencia de las políticas de inclusión para las personas en condición de discapacidad radica en la falta de una labor conjunta entre el Estado y los individuos. Su éxito requiere un cambio hacia una mentalidad más tolerante, capaz de generar espacios de respeto y trato digno, implica un esfuerzo interestatal, pero, más que nada, personal, por eliminar el menosprecio y movilizar los derechos hacia igualdad.