DEBRAY, Régis «El medio es el mensaje». El estárter del método En: “Introducción a la mediología” Editorial Paidós, Barcelona, 2001. Págs. 53 – 98.
Son muchos los intentos que se han hecho por resolver la, al parecer eterna, dicotomía entre medio y mensaje. Una propuesta interesante al respecto, inmortalizada por Marshall McLuhan, tiene que ver con la relación directa entre ambos aspectos. Su propuesta, “el medio es el mensaje”, intenta demostrar que están comprendidos uno dentro del otro, a tal punto que, el contenido se convierte en el mensaje del medio continente. McLuhan traza una nueva definición para medio (prolongación del propio ser debido a cada nueva técnica) y plantea que el mensaje de un medio sería todo cambio que dicho medio provoca en las sociedades o culturas; es decir, el medio no es el papel, sino las transformaciones que su uso implica. En respuesta a esta afirmación, se han generado nuevos postulados que traen a colación nuevos elementos, tal vez ignorados por el canadiense.
Este es precisamente el punto de partida de Régis Debray en el segundo capítulo de “Introducción a la mediología”. Debray es un filósofo y escritor francés dedicado a elaborar una teoría general sobre la transmisión cultural y los medios de comunicación. Este autor presenta a la mediología como la interesada en lo que el hombre transmite. Puntualmente, Debray critica la propuesta de McLuhan, calificándola como un cliché “en los límites de lo irracional”. Por ende, se propone presentar, además de una exposición de las falencias de “el medio es el mensaje”, una nueva mirada, orientada igualmente a la relación símbolo – soporte, pero en términos de la lógica del mensaje y la lógica del medio, con el objetivo de demostrar la complejidad de la labor del mediólogo.
La demostración de su postulado, en este capítulo, inicia con una crítica al “simplismo” de McLuhan, pues considera que aunque no hay mensaje sin medio, aseverar que son una misma cosa resulta errado. Afirma que utiliza la palabra medio como se le antoja. A partir de ese punto, desarrolla su propia elaboración. Sostiene que el medio no existe por sí y en sí, sino que designa varias realidades de una misma naturaleza y que, por lo tanto existen varias clases de medios. El primero es la escritura, seguido por los códigos específicos de un grupo social (lenguaje natural) y el papel como soporte esencial. Posteriormente, aparecen las mediaciones económicas y sociales tras la edición del libro. En este punto, retoma la dependencia entre soporte y símbolo, al plantear que la historia de los signos empieza con la de los materiales.
Más adelante, se refiere a los medios de transmisión o mediasferas, que condicionan las creencias y la personalidad colectiva de una época determinada (no son transversales, es decir no se aplican a todas las sociedades, ya que existen diferentes grados de evolución técnica). Una mediasfera alberga multitud de micromedios culturales y reestructura a la precedente; el paso de una a otra de se a partir de revoluciones, no sólo técnicas, sino administrativas. Estas son: mnemosfera (etapa previa al surgimiento de la escritura), logosfera (surge tras la invención de la escritura, pero aún hay bastante predominio de la palabra, gracias al analfabetismo. Se caracteriza por el hegemonía de la retórica y la oratoria), grafosfera (inicia con la creación de la imprenta, se impulsan las instituciones fundadas en ella y se acelera el ritmo de la historia) y videofera (cuya base son las imágenes y sonidos; crea culturas del flujo y la ubicuidad).
Debray muestra el descrédito que tiene la técnica frente a la cultura actualmente, pero afirma que, precisamente, en la mediosfera ocurre un cruce entre ambos factores (coevolución). La diferencia radica, más que nada, en la fragmentación que genera lo cultural (etnocentrismo) y la homogenización que busca lo tecnológico (ecumenismo). Finalmente, se refiere al arte como el espacio donde la división medio/mensaje es incierta, puesto que la obra de arte existe cuando se olvida el instrumento mismo, y, además de responder a la idea de la simultaneidad, no se avergüenza de sus mediaciones, antes bien, las exhibe por medio de grandes instalaciones.
Como punto de vista personal, considero que la crítica que realiza Debray a McLuhan es poco profunda, pues se dedica a juzgar el concepto arrojado como conclusión, sin tener en cuenta el propio proceso de construcción del mismo. Además, pudo haber fundamentado su crítica a través del ofrecimiento de un postulado menos “irracional” según su propio criterio. En cierto modo lo acusa de ser simplista y de buscar una frase pegajosa, para destacarse: “En este caso, la forma abreviada de jingle, con sus aliteraciones y su escansión ---según el viejo procedimiento mnemónico del verso bien machacado-, se abrió paso a través del bullicio. Reposición fácil”. (Debray, P: 55).
Con respecto a su clasificación de medio, en mi opinión, se limita sólo a la escritura, ignorando otras mediaciones también importantes. Acerca de las mediosferas, es coherente con su posterior afirmación de la existencia de una tecnocultura, al mostrar, no solamente los aspectos netamente técnicos, sino sus consecuencias a nivel social. Además, su concepción de mediosfera es similar a los paradigmas que rigen las ciencias sociales por dos razones: primera, una mediosfera no reemplaza a la otra, sino que la complementa y se aplican en diferentes contextos y, segunda, el paso de una a la otra se hace por medio de una revolución. Quedarían como preguntas: ¿por qué a pesar de que lo técnico tiende a ocupar un espacio cada vez más amplio, no se ha reconocido su papel fundamental respecto a la evolución humana (coevolución hombre – instrumento)? ¿La unificación técnica podría conducir a la unificación cultural? o ¿Le atribuye demasiado valor al instrumento en sí?
Son muchos los intentos que se han hecho por resolver la, al parecer eterna, dicotomía entre medio y mensaje. Una propuesta interesante al respecto, inmortalizada por Marshall McLuhan, tiene que ver con la relación directa entre ambos aspectos. Su propuesta, “el medio es el mensaje”, intenta demostrar que están comprendidos uno dentro del otro, a tal punto que, el contenido se convierte en el mensaje del medio continente. McLuhan traza una nueva definición para medio (prolongación del propio ser debido a cada nueva técnica) y plantea que el mensaje de un medio sería todo cambio que dicho medio provoca en las sociedades o culturas; es decir, el medio no es el papel, sino las transformaciones que su uso implica. En respuesta a esta afirmación, se han generado nuevos postulados que traen a colación nuevos elementos, tal vez ignorados por el canadiense.
Este es precisamente el punto de partida de Régis Debray en el segundo capítulo de “Introducción a la mediología”. Debray es un filósofo y escritor francés dedicado a elaborar una teoría general sobre la transmisión cultural y los medios de comunicación. Este autor presenta a la mediología como la interesada en lo que el hombre transmite. Puntualmente, Debray critica la propuesta de McLuhan, calificándola como un cliché “en los límites de lo irracional”. Por ende, se propone presentar, además de una exposición de las falencias de “el medio es el mensaje”, una nueva mirada, orientada igualmente a la relación símbolo – soporte, pero en términos de la lógica del mensaje y la lógica del medio, con el objetivo de demostrar la complejidad de la labor del mediólogo.
La demostración de su postulado, en este capítulo, inicia con una crítica al “simplismo” de McLuhan, pues considera que aunque no hay mensaje sin medio, aseverar que son una misma cosa resulta errado. Afirma que utiliza la palabra medio como se le antoja. A partir de ese punto, desarrolla su propia elaboración. Sostiene que el medio no existe por sí y en sí, sino que designa varias realidades de una misma naturaleza y que, por lo tanto existen varias clases de medios. El primero es la escritura, seguido por los códigos específicos de un grupo social (lenguaje natural) y el papel como soporte esencial. Posteriormente, aparecen las mediaciones económicas y sociales tras la edición del libro. En este punto, retoma la dependencia entre soporte y símbolo, al plantear que la historia de los signos empieza con la de los materiales.
Más adelante, se refiere a los medios de transmisión o mediasferas, que condicionan las creencias y la personalidad colectiva de una época determinada (no son transversales, es decir no se aplican a todas las sociedades, ya que existen diferentes grados de evolución técnica). Una mediasfera alberga multitud de micromedios culturales y reestructura a la precedente; el paso de una a otra de se a partir de revoluciones, no sólo técnicas, sino administrativas. Estas son: mnemosfera (etapa previa al surgimiento de la escritura), logosfera (surge tras la invención de la escritura, pero aún hay bastante predominio de la palabra, gracias al analfabetismo. Se caracteriza por el hegemonía de la retórica y la oratoria), grafosfera (inicia con la creación de la imprenta, se impulsan las instituciones fundadas en ella y se acelera el ritmo de la historia) y videofera (cuya base son las imágenes y sonidos; crea culturas del flujo y la ubicuidad).
Debray muestra el descrédito que tiene la técnica frente a la cultura actualmente, pero afirma que, precisamente, en la mediosfera ocurre un cruce entre ambos factores (coevolución). La diferencia radica, más que nada, en la fragmentación que genera lo cultural (etnocentrismo) y la homogenización que busca lo tecnológico (ecumenismo). Finalmente, se refiere al arte como el espacio donde la división medio/mensaje es incierta, puesto que la obra de arte existe cuando se olvida el instrumento mismo, y, además de responder a la idea de la simultaneidad, no se avergüenza de sus mediaciones, antes bien, las exhibe por medio de grandes instalaciones.
Como punto de vista personal, considero que la crítica que realiza Debray a McLuhan es poco profunda, pues se dedica a juzgar el concepto arrojado como conclusión, sin tener en cuenta el propio proceso de construcción del mismo. Además, pudo haber fundamentado su crítica a través del ofrecimiento de un postulado menos “irracional” según su propio criterio. En cierto modo lo acusa de ser simplista y de buscar una frase pegajosa, para destacarse: “En este caso, la forma abreviada de jingle, con sus aliteraciones y su escansión ---según el viejo procedimiento mnemónico del verso bien machacado-, se abrió paso a través del bullicio. Reposición fácil”. (Debray, P: 55).
Con respecto a su clasificación de medio, en mi opinión, se limita sólo a la escritura, ignorando otras mediaciones también importantes. Acerca de las mediosferas, es coherente con su posterior afirmación de la existencia de una tecnocultura, al mostrar, no solamente los aspectos netamente técnicos, sino sus consecuencias a nivel social. Además, su concepción de mediosfera es similar a los paradigmas que rigen las ciencias sociales por dos razones: primera, una mediosfera no reemplaza a la otra, sino que la complementa y se aplican en diferentes contextos y, segunda, el paso de una a la otra se hace por medio de una revolución. Quedarían como preguntas: ¿por qué a pesar de que lo técnico tiende a ocupar un espacio cada vez más amplio, no se ha reconocido su papel fundamental respecto a la evolución humana (coevolución hombre – instrumento)? ¿La unificación técnica podría conducir a la unificación cultural? o ¿Le atribuye demasiado valor al instrumento en sí?



Interesante el escrito, y bonita la selección. Por cierto, soy el autor del último dibujo que añades y si a alguien le interesa, hay mas datos aqui: http://omnibus-dubitandum.blogspot.com.es/2012/04/gitana.html
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